No sé si lo podré decir en tres palabras. A las Cajas de Ahorro

las han arruinado sus directivos, consejo de administración,

(políticos, sindicalistas, patronal y otros). Que las salven ellos

con sus respectivos patrimonios y sueldos, cobrando durante

unos años la quinta parte del sueldo, o lo que se acuerde. ¿Qué

hacían cuando había beneficios abundantes? Llenaban las

páginas de los periódicos alardeando ser buenos gestores y que

ganaban mucho los inversionistas, con buenos dividendos, y

ahora que han venido mal dadas, los rescatamos nosotros, el

pueblo. ¿Eso está bien?

Lo del hambre es otro cantar. No se quiere quitar, ya se sabe.

Los únicos que están ayudando en alguna medida son los

trabajadores y la clase media; de las grandes fortunas, cuatro. No

la quieren quitar, te lo digo yo, y es una desobediencia a nuestro

Dios, pues es uno de sus principales mandatos: “Amar al

prójimo como a uno mismo”.

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