Tengo que decir para asombro de los que no me conocen que hoy me he abierto en canal para mostrar todas mis interioridades. Esto es lo que puede decirse una ecografía de mi intelecto y mis sentimientos, o lo que es igual, una radiografía de mi alma. Que nadie busque más ni espere más, las respuestas ya están escritas  y en cuatro  o cinco volúmenes las tendréis todas. El primero es éste y los cuatro restantes se irán publicando en unos meses, y con el quinto volumen mi proyecto habrá concluido. Sí podré seguir dando un apretón de manos, un abrazo, un beso y una palabra de aliento, pero  no sé si me quedarán fuerzas e ideas para escribir algo más.

Mi ambición no radica en ver para contar y en conocer nuevas sensaciones para trasmitir; mi objetivo ha sido es y será mirarme en el interior que es donde almaceno todas mis reflexiones y todo lo aprendido a lo largo de la vida y del evangelio y así poder sacar aquello que pueda ser útil a los demás, principalmente lo positivo que ayude a fortalecer y construir, apuntalando  aquello que presente una ruina inminente.

No me gusta una rama tronchada, un árbol inclinado, la “patá” en la puerta, la papelera en el suelo, el contenedor ardiendo… como no me gusta que me metan la mano en la cartera. Yo sé que no doy al mundo lo que quiere y espera, por el contrario le ofrezco respeto, admiración por las potencialidades del hombre y amistad sin distinción. En definitiva, como no espero mucho, cualquier cosa que reciba será suficiente. Sí me gustaría que la gente fuera feliz y divertida. Rechazo la enfermedad, los accidentes, las catástrofes, la patera que zozobra… Estos pensamientos me acompañan de día y de noche y hasta sueño con ellos y todavía no he dicho algo para que pueda ser más rechazado: mi amor a Jesucristo y a su Iglesia, y sobre el enfriamiento que hay en términos generales a la práctica religiosa.

Yo acepto, que cualquiera en el paso trascendente de esta vida a la otra se sienta aturdido, impresionado y muy poca cosa ante lo que se le viene encima. Lo que me parece una torpeza es la falta de educación en el concepto de reflexión, arrepentimiento y de perdón. No es una deshonra ante las fuerzas del bien y la divinidad saber decir: perdón por mi incredulidad, mi terquedad, mi egoísmo, mi indiferencia ante las cosas santas, entregando todos los minutos de mi vida al trabajo, a los placeres de la vida, a la ambición y a la riqueza, incluso a la ciencia y al progreso según qué caso, que no tuve ni un minuto por interesarme sobre aquello que el Creador del  universo y nuestro planeta Tierra, esperaba de mí. De mí, que siendo lo más importante de la creación no he tenido una palabra de gratitud para Dios y mucho menos para Jesús, su Hijo, por considerarle uno más entre nosotros.

Se nos va la vida en cosas banales, en luchas fratricidas y en justificar la corrupción de nuestro partido político. Todos somos pecadores, pero si disculpamos a los corruptos es porque  en lo más recóndito de nuestra mente subyace la idea de que podríamos ser como ellos en circunstancias similares. Ese es el mundo que hemos creado, los que creemos y los que no creen. Hay tantos intereses entremezclados que es difícil salvarse.  Muchos somos responsables por acción u omisión de la crisis que estamos viviendo y de las tragedias que el hambre ha producido a lo largo de la historia en la humanidad, tengamos la humildad de postrarnos ante Dios y pedirle perdón por nuestra poca o mucha culpa. Este reconocimiento de nuestra flaqueza nos predispone a entrar con más lucidez y ser capaz de buscar la luz que da vida y paz. No hagamos uso de la excusa de la ignorancia diciendo: ¡Ah, lo siento! Yo no sabía nada. Más bien decir yo no quise saber nada.

Querido lector, estos principios me inducen a vivir como vivo y a pensar lo que pienso, a sabiendas de que estoy fuera de las modas sociales y de que soy un bicho raro. También son raros la jirafa, el rinoceronte, el hipopótamo y no digamos los gorgojos, y no se flagelan. A veces uno puede ser raro hasta entre los suyos, ¿por qué? Porque lleves otro ritmo o porque los otros tengan otra percepción sobre algunas cosas. Ciertos grupos mundanos han de ser borreguiles. Si la mayoría dice “be” tú no puedes decir “ba” enseguida se pensaría que eres fruto de un cruce con algún extraterrestre, casi nunca se piensa que tienes los mismos derechos de pensar diferente.

Cuando un pensamiento es libre da para mucho y si estás condicionado por un ser que no se ve, que es espíritu, y que su reino no es de este mundo ya estás rayando la ensoñación o el delirio.

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